10. Otro testamento de Jesucristo
Además de los muchos cambios hechos al Libro de Mormón antes mencionados, la edición de 1981, preparada bajo la supervisión del Scriptures Publication Committee (bajo la dirección de la Primera Presidencia), hizo una adición que más claramente define el mensaje principal del Libro de Mormón. En la conferencia general de octubre de 1982, el élder Boyd K. Packer anunció, “También deben saber que por una decisión reciente de los hermanos, el Libro de Mormón de ahora en adelante llevará el título de ‘El Libro de Mormón,’ con el subtítulo ‘Otro Testamento de Jesucristo.’”
El élder Packer entonces explicó, en parte, que las nuevas escrituras SUD, incluyendo la edición de 1981 del Libro de Mormón, con este nuevo subtítulo, será importante para el Iglesia y para el mundo. Él dijo:
“El palo o anales de Judá – el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento – y el palo o anales de Efraín – el Libro de Mormón, el cual es otro testamento de Jesucristo – están ahora entrelazados, de tal manera, que si estudian detenidamente uno, los lleva a otro; mientras aprenden de uno, son iluminados por el otro. Verdaderamente están en nuestras manos. La profecía de Ezequiel ahora se cumple.
“Con el transcurso de los años, estas escrituras producirán generaciones sucesivas de cristianos fieles, quienes conocen al Señor Jesucristo y están dispuestos a obedecer Su voluntad.
“La generación más antigua ha sido criada sin ellas, pero hay otra generación creciendo. Las revelaciones serán abiertas para ellos como en ninguna otra en la historia del mundo. En sus manos ahora yacen los palos de José y de Judá. Desarrollarán una erudición del evangelio más allá de lo que sus antepasados pudieron lograr. Ellos tendrán el testimonio que Jesús es el Cristo y ser capaces de proclamarlo y defenderlo” (“Scriptures,” Ensign, noviembre de 1982, página 53).
El élder Packer reiteró que mientras que el Libro de Mormón se mueve hacia adelante en su papel de “Otro Testamento de Jesucristo,” los enemigos y los distractores, tanto los de adentro como los de afuera de la Iglesia, se burlarán de la nueva adición y las herramientas agregadas para el estudio de las escrituras en la edición de 1981. Él dijo:
“Mientras hemos estado en el trabajo de anclarnos a las escrituras, otros han estado ocupados soltándose de ellas. Ellos han esto yendo sin rumbo, interpretando y revisando las escrituras para estar de acuerdo con las filosofías de los hombres. Nosotros, por otro lado, hemos estado batallando río arriba contra la misma corriente. Estamos determinados a alcanzar el nacimiento de comunicación y revelación divina, tenerlo, como lo demanda Doctrina y Convenios, ‘que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo’ (Doctrina y Convenios 1:20).”
“Hay observadores de la Iglesia, dentro y fuera de la Iglesia, quienes muestran gran interés en lo que hacemos. Ellos miran lo que definen como la estructura de poder, los recursos de la Iglesia, los cambios en la organización, los temas políticos y sociales; y ellos sacan conclusiones de su observación. Escriben sus observaciones y las imprimen en publicaciones y las presentan como reportes objetivos y correctos de lo que está pasando en la Iglesia. En toda su observación y declaración, a ellos les falta la más importante de todas las cosas que hemos hecho en las generaciones recientes.”
“Algunos de ellos dicen que hemos perdido nuestro camino, que no somos cristianos. Deberían recurrir a esa cosa en la cual ellos muestran poco interés y en la cual tienen poco conocimiento, las escrituras y las revelaciones, encontrarán en la Topical Guide, cincuenta y ocho categorías de información sobre Jesucristo; dieciocho páginas en letra pequeña, espacio sencillo, lista literalmente miles de referencias de las escrituras sobre el tema.”
“Estas referencias de los cuatro volúmenes de las escrituras constituyen la más extensa recopilación de información de las escrituras de la misión y enseñanzas del Señor Jesucristo que haya sido reunida en la historia del mundo.”
“El trabajo afirma una aceptación, una reverencia, y un testimonio del Señor Jesucristo. Siga esas referencias y abrirá la puerta a quien le pertenece esta Iglesia, qué se enseña y bajo la autoridad de quién – todo afianzado al sagrado nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías, el Redentor, nuestro Señor” (“Scriptures,” Ensign, noviembre de 1982, página 53).
Aquellos quienes usen la Topical Guide al final de la edición SUD de la Santa Biblia y lean las dieciocho páginas de referencia bajo el encabezado “Jesucristo,” encontrarán que es verdad lo que dijo el élder Packer, que el Libro de Mormón es “Otro Testamento de Jesucristo.” El libro es sobre Cristo. Las historias y la información histórica testifican que Cristo es el Hijo de Dios y el Salvador de todos. La palabra testamento es la traducción inglesa de la palabra griega que también puede ser traducida como convenio. Por lo que, el presidente Ezra Taft Benson declaró acerca del adición de este subtítulo: “Verdaderamente es otro testamento o testigo de Jesús. Esta es una de las razones porqué hemos agregado recientemente las palabras ‘Otro Testamento de Jesucristo’ al título del Libro de Mormón” (“The Book of Mormon – Keystone of Our Religion,” Ensign, noviembre 1986, página 4).
El Libro de Mormón no es sólo ‘Otro Testamento [o convenio] de Jesucristo,” si no que también es un libro en el cual Él, en todas maneras, es la figura central. El propósito del libro no es dar una relato histórico de los habitantes de la antigua América, no obstante lo hace. No es su intención enfocarse en las historias, armas de guerra, geografía, vida animal, técnicas de construcción, o sistemas de pesos y medidas, sin embargo hace todo eso también. Su propósito, como se menciona a menudo en este artículo, es testificar de la divinidad de Cristo.
Refiriéndose a estos y a otros temas en el Libro de Mormón, el élder Russell M. Nelson ha declarado, “Interesante, como estos asuntos pueden ser, el estudio del Libro de Mormón es más gratificante cuando se enfoca en su propósito principal – el testificar de Jesucristo. Por comparación, los otros temas son secundarios. Cuando lea el Libro de Mormón, concéntrese en la figura principal del libro – desde su primer capítulo al último – el Señor Jesucristo, Hijo del Dios Viviente. Y busque un segundo tema de apoyo: Dios cumplirá Sus convenios con los remanentes de la Casa de Israel” (“A Testimony of the book of Mormon,” Ensign, noviembre 1999, página 69).
El Libro de Mormón, entonces, es otro “testamento” o “convenio” – junto con el Antiguo Testamento (convenio) y el Nuevo Testamento (convenio) – de Cristo y el papel de la Casa de Israel en el plan del Señor para bendecir a Sus hijos. También ayuda a sus lectores en una manera práctica. El élder Nelson además declaró: “Cada individuo que estudie con oración el Libro de Mormón puede también recibir un testimonio de su divinidad. Además, este libro puede ayudar con los problemas personales de una manera real. ¿Quiere librarse de un mal hábito? ¿Quiere mejorar las relaciones en su familia? ¿Quiere aumentar su capacidad espiritual? ¡Lea el Libro de Mormón! Éste lo llevará más cerca del Señor y Su amoroso poder” (“A Testimony of the book of Mormon,” Ensign, noviembre 1999, página 71).
Si el propósito principal del libro es declarar de Cristo ayudar a los individuos a tener vidas y familias más felices, ¿Por qué muchos de sus críticos están tan intencionados en criticar su contenido y a sus creyentes? ¿Será que sus críticos se han enfocado tan singularmente en los temas secundarios que les ha faltado ver y sentir el corazón del libro? ¿Han estado tan enfocados en encontrar faltas y buscar errores que les ha faltado encontrar a Cristo casi en cada página? ¿Cómo podría cualquier persona sincera leer el Libro de Mormón y declarar que los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no son cristianos? Es desconcertante. Tal vez la respuesta reside en una declaración del Presidente Benson. Dijo, “Así como un hombre realmente no desea comida hasta que está hambriento, así no desea la salvación de Cristo hasta que él sepa porqué necesita a Cristo. Nadie sabe adecuadamente y apropiadamente porqué necesita a Cristo, hasta que entiende y acepta la doctrina de la Caída y su efecto sobre toda la humanidad. Ningún otro libro en el mundo explica esta doctrina vital casi tan bien como el Libro de Mormón” (“The Book of Mormon and the Doctrine and Convenants,” Ensign, mayo de 1987, página 85). Tal vez la razón por la que muchos continúan criticando y encontrando faltas es que ellos no entienden la Caída y la gran necesidad de una Expiación – precisamente porque ellos no han leído, reflexionado y orado sobre el Libro de Mormón.
Como dijo el élder Nelson, desde su primera página a la última, la figura central del libro es Jesucristo. Se tratará de ilustrar esto dando ejemplos de pasajes sobre Cristo de varias partes del libro. Hay que tener en mente, que sólo son unos pocos ejemplos. (La edición actual contiene 531 páginas y más de 6,000 versículos.) Sin embargo, los pocos que se cubrirán a continuación, dan un ejemplo poderoso y profundo del “Otro Testamento de Jesucristo.”
Es profundamente tentador escribir un largo discurso de cada uno de los siguientes pasajes del Libro de Mormón. Sin embargo, estos pasajes de las escrituras sobre el Salvador son firmes en ser testigos al mundo que el Libro de Mormón es otro testamento de Cristo y Sus enseñanzas. Cuando los lea, tenga en cuenta por lo que han sido citados. No es para establecer un discurso doctrinal, sino que mostrarle al lector pequeños ejemplos de cómo el Libro de Mormón es lo que su subtítulo declara ser.
El primer pasaje es de 1 Nefi, capítulo 8, en el cual el profeta Lehi tiene una visión del árbol de la vida. El hijo de Lehi, Nefi, ora para entender la visión de su padre y recibe su propia visión extraordinaria de Cristo (véase 1 Nefi 11). Respecto a la visión de Nefi, el élder Packer ha dicho: “Esa visión es el mensaje principal del Libro de Mormón” (‘”The Things of My Soul,”‘ Ensign, mayo de 1986, página 61). Es el mensaje principal porque aprendemos que el árbol, cuyo “fruto era deseable para hacer a uno feliz,” es el Hijo de Dios, Jesucristo. La visión es más que un discurso sobre frutos y arboles y barras de hierro y senderos y edificios y ríos. En 1 Nefi 11:25, el árbol se describe como el “amor de Dios.” En Juan 3:16 aprendemos que “Porque de tal manera amó dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito.” El amor de Dios es Su hijo Jesucristo. Él es el árbol de la vida, y cuando tomamos la fruta de ese árbol – la Expiación, la Resurrección, el perdón de los pecados, la curación de almas y corazones heridos, etcétera – es “deseable para hacer a uno feliz.”
“Y sucedió que vi un árbol cuyo fruto era deseable para hacer a uno feliz.
“Y aconteció que me adelanté y comí de su fruto; y percibí que era de lo más dulce, superior a todo cuanto yo había probado antes. Sí, y vi que su fruto era blanco, y excedía a toda blancura que yo jamás hubiera visto.
“Y al comer de su fruto, mi alma se llenó de un gozo inmenso; por lo que deseé que participara también de él mi familia, pues sabía que su fruto era preferible a todos los demás.”
Nefi profetiza del sufrimiento y crucifixión de Cristo, entonces escribe para convencerlos más completamente a creer en Cristo, él los exhorta a leer los escritos del profeta Isaías del Antiguo Testamento.
“Y el mundo, a causa de su iniquidad, lo juzgará como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres.
“Y yo, Nefi, he escrito estas cosas a los de mi pueblo, para que tal vez los persuada a que se acuerden del Señor su Redentor.
“Y les leí muchas cosas que estaban escritas en los libros de Moisés; pero a fin de convencerlos más plenamente de que creyeran en el Señor su Redentor, les leí lo que escribió el profeta Isaías; porque apliqué todas las Escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción.”
Aquí, Jacob, el hermano de Nefi, nos enseña que sin Cristo y Su “expiación infinita” todos estaríamos perdidos y para siempre separados de la presencia de Dios después de nuestra muerte.
“Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador, también es menester que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor.
“Por tanto, es preciso que sea una expiación infinita, pues a menos que fuera una expiación infinita, esta corrupción no podría revestirse de incorrupción. De modo que el primer juicio que vino sobre el hombre habría tenido que permanecer infinitamente. Y siendo así, esta carne tendría que descender para pudrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás.”
“Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;”
“y a pesar de que creemos en Cristo, observamos la ley de Moisés, y esperamos anhelosamente y con firmeza en Cristo, hasta que la ley sea cumplida.”
“Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados.”
“Y ahora bien, he aquí, pueblo mío, sois gente dura de cerviz; por tanto, os he hablado claramente, para que no os podáis equivocar. Y las palabras que he hablado quedarán como un testimonio contra vosotros; pues bastan para enseñar a cualquier hombre la senda verdadera; porque la senda verdadera consiste en creer en Cristo y no negarlo; porque al negarlo, también negáis a los profetas y la ley.”
“Y ahora bien, he aquí, os digo que la senda verdadera es creer en Cristo y no negarlo; y Cristo es el Santo de Israel; por tanto, debéis inclinaros ante él y adorarlo con todo vuestro poder, mente y fuerza, y con toda vuestra alma; y si hacéis esto, de ninguna manera seréis desechados.”
En estos versículos llenos de Cristo, Nefi declara que la intención de sus escritos es convencer no sólo a sus hijos, si no también a sus hermanos a creer en Cristo. Él no está tratando de impresionar a nadie. Su sencilla intención es demostrarle a otros dónde buscar para una remisión de sus pecados y cuál es la “forma correcta” para que ellos vivan sus vidas, si desean ser salvos en el último día.
“Y además, te digo que no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre.”
Estos versículos son una cita del libro de Isaías en el Antiguo testamento. El profeta Abinadí usa el capítulo completo de Isaías 53 cuando predica a un grupo de sacerdotes inicuos, quienes deseaban quitarle la vida. Como parte de su testimonio final antes de su muerte, testificó de Cristo usando las palabras de este profeta del Antiguo Testamento. En esta parte de la historia – cerca del año 148 a.C. – la Biblia no había sido organizada como una escritura canonizada. Abinadí estaba citando escritos antiguos traídos al Nuevo Mundo desde Jerusalén por sus antepasados.
“Despreciado y rechazado de los hombres; varón de dolores y experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro; fue menospreciado y no lo estimamos.”
“Ciertamente él ha llevado nuestros pesares y sufrido nuestros dolores; sin embargo, lo hemos tenido por golpeado, herido de Dios y afligido.”
“Mas él herido fue por nuestras transgresiones, golpeado por nuestras iniquidades; y el castigo de nuestra paz fue sobre él; y con sus llagas somos sanados.”
“Pues he aquí, os digo que muchas cosas han de venir; y he aquí, hay una que es más importante que todas las otras, pues he aquí, no está muy lejos el adía en que el Redentor viva y venga entre su pueblo.”
“Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo.”
“Y tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos.”
“Ahora bien, el Espíritu sabe todas las cosas; sin embargo, el Hijo de Dios padece según la carne, a fin de tomar sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su redención; y he aquí, éste es el testimonio que hay en mí.”
“Predícales el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo; enséñales a humillarse, y a ser mansos y humildes de corazón; enséñales a resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo.”
Los siguientes dos versículos se refieren a un instrumento parecido a una brújula que guió a los antepasados de Alma. Esta brújula es la Liahona, mencionada antes en 1 Nefi 16. Era una esfera hecha de bronce fino y curiosamente labrada. Tenía dos agujas, una de las cuales apuntaba la dirección que la familia de Lehi debería de viajar en el desierto después de salir de Jerusalén. También de cuando en cuando, tenía escritos que daban instrucciones a los viajeros. La única manera que funcionaba era “de acuerdo con la fe y diligencia que nosotros les dábamos” (véase 1 Nefi 16:9-10, 26, 28).
“Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.”
“Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor.”
“¡Oh recordad, recordad, hijos míos, las palabras que el rey Benjamín habló a su pueblo! Sí, recordad que no hay otra manera ni medio por los cuales el hombre pueda ser salvo, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo, que ha de venir; sí, recordad que él viene para redimir al mundo.”
“Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán.”
“He aquí, soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por él para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida eterna.”
“¡Oh vosotros, todos los que habéis sido preservados porque fuisteis más justos que ellos!, ¿no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?”
“Sí, en verdad os digo que si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí.”
“He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Yo creé los cielos y la tierra, y todas las cosas que en ellos hay. Era con el Padre desde el principio. Yo soy en el Padre, y el Padre en mí; y en mí ha glorificado el Padre su nombre.”
El acontecimiento culminante en el Libro de Mormón ocurre cuando Cristo aparece a las personas del Libro de Mormón brevemente después de Su resurrección en Palestina. Los profetas por siglos habían profetizado Su venida. Cuando Él apareció, Él se identificó a Sí mismo y justificó a Sus profetas quienes habían testificado de Su venida. El Mundo de Mormón registra:
“He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.”
“Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio.”
“Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había profetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría después de su ascensión al cielo.”
“Y ocurrió que les habló el Señor, diciendo:”
“Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.”
“Y aconteció que los de la multitud se adelantaron y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con los ojos y palparon con las manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que era él, de quien habían escrito los profetas que había de venir.”
“Y cuando todos hubieron ido y comprobado por sí mismos, exclamaron a una voz, diciendo:”
“¡Hosanna! ¡Bendito sea el nombre del Más Alto Dios! Y cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron.”
El impacto de la visita del Salvador los llevó a un período prolongado de rectitud. Por casi doscientos años aquellos quienes habían sido testigos de este acontecimiento celestial, junto con sus descendientes, vivieron en casi perfecta armonía. ¡Eso deberíamos aprender de Cristo, como ellos lo hicieron y tal conocimiento debería tener el mismo impacto en nuestras vidas y en las vidas de aquellos que amamos y cuidamos! El libro de 4 Nefi declara:
“Y ocurrió que ano había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo.”
“Y no había envidias, ni contiendas, ni tumultos, ni fornicaciones, ni mentiras, ni asesinatos, ni lascivias de ninguna especie; y ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios.”
“No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de -itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios.”
“¡Y cuán bendecidos fueron! Porque el Señor los bendijo en todas sus obras; sí, fueron bendecidos y prosperaron hasta que hubieron transcurrido ciento diez años; y la primera generación después de Cristo había muerto ya, y no había contención en toda la tierra.”
“Y ahora quisiera exhortaros a buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en vosotros para siempre jamás. Amén.”
“Ahora bien, yo, Moroni, después de haber acabado de compendiar los anales del pueblo de Jared, había pensado no escribir más, pero no he perecido todavía; y no me doy a conocer a los lamanitas, no sea que me destruyan.”
“Porque he aquí, sus guerras entre ellos mismos son extremadamente furiosas; y por motivo de su odio, matan a todo nefita que no niegue al Cristo.
“Y yo, Moroni, no negaré al Cristo; de modo que ando errante por donde puedo, para proteger mi propia vida.”
Este Moroni, del cual estos versículos hablan, fue un profeta-historiador y el último superviviente conocido de la nación nefita. Mientras él finaliza su registro, todo lo que hubiera hecho era negar a Cristo para poder vivir. Pero su testimonio en su corazón es tan profundo que no lo puede hacer. Al contrario, deambula, sin saber su destino, y permanece como un fiel seguidor y discípulo de Jesucristo.
“Por tanto, amados hermanos míos, si no tenéis caridad, no sois nada, porque la caridad nunca deja de ser. Allegaos, pues, a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer;”
“pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien.”
“Por consiguiente, amados hermanos míos, pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que lleguéis a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él, porque lo veremos tal como es; para que tengamos esta esperanza; para que seamos purificados así como él es puro. Amén.”
Los siguientes tres versículos contienen una parte de la invitación de Moroni para todos los lectores de Libro de Mormón para que investiguen por sí mismos, independiente de cualquier otra influencia, si el libro es verdadero. No se sabe de otro libro impreso que invita a cada lector a orar sobre su contenido para descubrir su veracidad. Es asombroso que tantas personas parezcan temer investigar por sí mismos si el libro es verdadero. Moroni exhorta:
“He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones.”
“Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;”
“y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.”
Muchas personas han aplicado esta promesa en varias ocasiones y han encontrado que es verdadera. Ellos saben, por el poder del Espíritu Santo, que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.
Como una invitación final, Moroni les pide a los lectores que hagan una cosa más, mientras él concluye el registro con otro testamento de Cristo.
“Y otra vez quisiera exhortaros a que vinieseis a Cristo, y procuraseis toda buena dádiva; y que no tocaseis el don malo, ni la cosa impura.”
“Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios.”
Para aquellos que sinceramente desean saber si las cosas que se han escrito aquí son verdaderas, se les pide que no se desanimen en su búsqueda de la verdad. Para obtener un testimonio del Libro de Mormón como “Otro Testigo de Jesucristo” y de José Smith como un profeta, el élder Packer ha dado un consejo práctico y maravilloso. Él dijo:
“La experiencia me ha enseñado que el testimonio no sobreviene de repente, sino que va creciendo, como dijo Alma, de la semilla de la fe: “…fortalecerá vuestra fe, porque diréis: Sé que ésta es una buena semilla; porque, he aquí, brota y empieza a crecer” ((Alma 32:30). Si la nutren, crecerá, pero si no la nutren, se secará (véase Alma 32:37 -41).”
“No se desilusionen si han leído y releído, y todavía no han recibido un testimonio poderoso. Quizás les ocurra como a los discípulos de los que se habla en el Libro de Mormón que se hallaban llenos del poder de Dios en gran gloria “y no lo supieron” (3 Nefi 9:20).”
“Hagan lo mejor que puedan. Piensen en este versículo: ‘Y mirad que se hagan todas estas cosas con prudencia y orden; porque no se exige que un hombre corra más aprisa de lo que sus fuerzas le permiten. Y además, conviene que sea diligente, para que así gane el galardón; por tanto, todas las cosas deben hacerse en orden’ (Mosíah 4:27).” (“El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo”, Liahona, mayo 2005, página 8).
Hablando de José Smith, el élder Packer dijo:
“Como de costumbre, se dirá y se escribirá mucho para desacreditarlo. Siempre ha habido, hay y siempre habrán personas que remuevan el polvo de hace ya doscientos años, con la esperanza de hallar algo que se le adjudique a José haber dicho o hecho con el fin de desacreditarlo.”
“No tenemos que defender al profeta José Smith. El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo lo defenderá por nosotros. A los que rechazan a José Smith como profeta y revelador, les queda buscar alguna otra explicación del Libro de Mormón.
“Y de la segunda y potente defensa: Doctrina y Convenios, y de la tercera: La Perla de Gran Precio. Al publicarse combinados, esos libros de Escrituras constituyen un testamento inquebrantable de que Jesús es el Cristo y un testimonio de que José Smith es un profeta” (“El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo”, Liahona, mayo 2005, página 9).
